Construya caminos nuevos e in-creíbles

En recientes consultas y a través de diferentes medios de comunicación, he sabido sobre un preocupante incremento de lo que podría denominarse “descreencia masificada”.

 

La ilusión parece no elevarse, las esperanzas desfallecen con demasiada facilidad. En nuestros días, la entrega a una causa fundada (que no es fundamentalismo) se presenta ineficaz.

Se impone la duda generalizada, que dista de ser “saludable” o garante de bienestar.

 

De esta manera, la confianza, ese deseo que antes solíamos divisar con mayor certeza, o que con base en proyectos con menos certificaciones legales o contratos, era adecuado considerar, no se manifiesta ahora de manera frecuente.

 

Por lo contrario, lo que percibimos es una incredulidad terca en todos los “sucesos”, supuestos “hechos” que consideramos “reales”, tangibles, que han acontecido.

 

El sujeto, perdido en un mar de noticias, no sabe en dónde anclar. Ha olvidado que en todo caso, todo suceso es una VERSIÓN, y que en su misma denominación se lo hace usando el lenguaje.

 

Entonces, ¿Qué relato es más verdadero y cuál menos?

 

¿Cuál de las noticias que vemos u oímos en los medios es o puede ser más creíble?

 

No existe “una verdad verdadera”, no hay garantía de una sola interpretación sobre la realidad. En este sentido se podría decir que hay tantas realidades como sujetos en el mundo.

Sin embargo, no podemos caer en el relativismo extremo, porque ello no hace más que quitar el crédito a cualquier posibilidad de estabilidad para una comunidad, entre varios.

 

Existe una necesidad de que haya algún suelo compartido, algo que varios podamos usar como soporte para construir proyectos de vida.

 

Ahora, es necesario aún valorar y dar crédito a las cualidades o méritos propios o de los demás. ¿Cómo estar con alguien, pactar un negocio, hacer una alianza, asistir a un tratamiento, cuando no existe confianza en el otro?

 

Cuando un padre decide por ejemplo matricular a su hijo en una escuela, pone bajo el cuidado de sus funcionarios a su pequeño. ¿Se imaginan qué ocurriría con los colegios si esta confianza en las organizaciones de educación cae por completo?

 

Un padre intranquilo puede hacer que un niño vaya a un colegio, instituto o universidad, invitarlo o apoyar este proceso. Sin embargo, si la creencia en la institución educativa se desvanece, queda pulverizada también la responsabilidad de maestros.

 

¿Cómo ocurre esto?

 

La suposición sobre el “saber educar” debe recaer desde los padres a los maestros. Es decir, un padre debe “transferir”, comunicar de maneras conscientes e inconscientes a sus familiares que considera pertinente pasar la posta de la educación de su hijo a un maestro determinado.

El padre CONFÍA en que más allá de él hay otro(s) que pueda(n) ejercer esta función. Supone un  

 

Es la razón por la que una madre puede decir que la profesora es “buena”, que sus llamados de atención y al orden son con causa justificada. Incluso, le diría al hijo que ha de acatar las normas y sugerencias que recibe en el aula y el campus.

 

¡En este sentido, un padre causa la obediencia! Es responsable de hacer hijos y ciudadanos cumplidores, sensatos y conscientes.

 

Habría que preguntarse entonces qué ocurre cuando un niño es “problema”… ¿Es el niño, los padres, los maestros? ¿Qué papel tendrían los funcionarios, la educación como institución, la sociedad?

 

 

En nuestro contexto tenemos mucho para hacer: es necesario intervenir a tiempo cuando padres o personas a cargo de menores de edad desacreditan a autoridades públicas y privadas. Por eso interesa encontrar esos ideales y figuras para reconstruir vidas, apoyos esenciales en el diseño de proyectos de vida.

 

El mensaje que llega a todos en general está teñido de odio y agresividad, cuestión que es imposible seguir reproduciendo si queremos generar una cultura de convivencia.

 

El mensaje entonces es a trabajar por individuos e instituciones guiados por capacidad de espera y entrega, confianza, que puedan imaginar y crear mundo y alternativas POSIBLES Y VIABLES, que tengan en cuenta los recursos específicos y concretos con los que se cuenta.

 

De esta manera se logra desarrollar esa “voluntad de asociarse” (affectio societatis), no sólo en las familias y colegios, sino en diversas áreas sociales como la financiera, política, religiosa, y en gremios (profesionales, operarios, funcionarios, como educadores, profesionales de la salud, científico, etc).

 

También se logra combatir CINISMOS, entendido como la búsqueda individual de la satisfacción propia y exclusiva, a partir de la utilización de toda clase de objetos y medios, sustancias…

 

Entonces, para recuperar la confianza, lo ayudamos a:

 

  • Asumir los propios límites, no como insuficiencia o impotencia, sino como el punto de partida para establecer relaciones, pactos, alianzas.
  • Reconocer en los demás aquello que es también el signo de una falta, lo cual permite pensar que puede equivocarse y que aún, o justo por ello es importante.
  • Admitir las limitaciones (que aún destrezas y saber, por ejemplo, un padre va a educar y tratar diferente a cada hijo…) permite entender el sufrimiento, la dificultad o el problema del otro. En consecuencia es posible crear soluciones ante las dificultades de la vida diaria.
  • Conversar, para establecer acuerdos y pactar esos soportes, esos principios, valores e ideas que impliquen al otro, indicando y designando salidas individuales y colectivas.
  • Des-Enfocar la existencia y diálogos de las imágenes, que invaden el mundo. Conviene tomar distancia de dispositivos que replican, gadgets y objetos de consumo que nos invaden, engullen.

 

En este sentido, las “redes” y los lazos que interesa cultivar más, son de “carne y hueso”, más cara a cara sin tantas interferencias.El buen uso de la tecnología se da cuidando su medida, no siempre y en todo caso.

 

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