Cada ser es único: espiritualidad, subjetividad y cerebro

Es frecuente pensar que el cuerpo es “verdadera” base para cualquier estado de salud o enfermedad.

Enfocándose en la actividad cerebral, el ADN, los órganos, sistemas del cuerpo y químicos, sus mecanismos, suele centrarse todo tratamiento en indicaciones médicas y de corte biologicista.

Cuando se hacen interconsultas, tratamientos interdisciplinarios, recomendaciones o derivaciones (remisiones), son “casos complejos” o alteraciones por ejemplo crónicas cuya respuesta no ha sido positiva ante intentos de la medicina.

Son situaciones en donde los cuadros con sintomatología más o menos graves se dan en episodios no regulares en tiempo, con alivio que parece al azar y que no se relaciona claramente con hábitos o sustancias específicas.

 

De esta manera, las intervenciones que implican la dimensión SUBJETIVIDAD, aquello único e irrepetible, el alma, las emociones y lo trascendental suelen presentarse tardías o como últimos puertos para comenzar a construir soluciones profundas y estables.

 

A partir de comprender mejor cuadros como la epilepsia, el alzheimer, el autismo, la ciencia ha encontrado que los afectos, el psiquismo, el mundo espiritual, la historia personal, influyen de forma directa sobre el funcionamiento del cerebro.

 

Se trata entonces de la alternativa más clara en la medida en que los avances en el conocimiento sobre la estructura y funcionamiento del sistema neurológico no dan suficiente claridad sobre condiciones específicas de estabilidad y normalidad para la vida humana; no hay relaciones causa-efecto entre tratamientos y resultados. Por tanto el piso sigue siendo movedizo e inestable si se insiste en esta alternativa como única opción.

 

Al considerar la cultura y el lenguaje en su importancia para el proyecto humano, vale destacar que toda toma de decisiones resulta altamente condicionada por determinaciones que vienen de nuestros padres, su historia y la manera en que ésta ha aportado en nuestra crianza y el inventario simbólico que se nos ha transmitido verbal y no verbalmente, consciente e inconscientemente.

Por eso se afirma que el libre albedrío no existe, la libertad de tomar decisiones «autónoma» tampoco. La idea de independencia absoluta es una falacia por la que apuestan muchos jóvenes, para darse cuenta luego de todo acto debe sus motivos y orígenes a determinaciones subjetivas que son imposibles de ser borradas, como si se tratase de «resetear» sus memorias. ¡No somos dispositivos electrónicos!

¿Qué resulta fundamental para enfrentar el mundo actual?

¿Es el cerebro y la ingesta de sustancias que sirvan de prótesis y alivien el «dolor de la existencia»?

Ante avances tecnológicos y aspiraciones políticas de control apoyadas en la ciencia y sus ramas, la vigilancia constante, lo importante es:

  • Reconocer los peligros y trampas de los aparentes encantos y brillos de todo nuevo dispositivo, los productos, artefactos, modas y estilos de vida que nos vende el mercado.
  • Conservar tradiciones, rituales que son necesarios por ejemplo en la época de juventud y niñez. Esto porque permiten introducir al niño en la escuela, en el contexto social, más allá de la familia, ayudándolo a vehiculizar pulsiones sexuales, procesos de elección en los campos educativo, laboral, de conexiones en la comunidad.

 

Esto aporta condiciones de estabilidad y sanidad que procuran desarrollos adecuados a cada caso. De esta manera se elimina y minimiza el desarrollo e invasión de conductas derivadas de tendencias destructivas, la pulsión de muerte.

Así, la pulsión de vida primaría, siendo el deseo y las ganas de vivir aquello que moviliza actos de fe y capacidad para hacer, ACTUAR, más allá de cambios y coyunturas globales/locales diversas.

 

Con y sin lluvia, el ser actúa en Bien y con Él, en con-textos sociales y a partir de índices de satisfacción y bienestar con mínimos daños para sí mismo y el mundo.

Menos adicciones y conducta extremas y de riesgo son posibles.

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Fuentes consultadas:

https://elpais.com/elpais/2020/01/30/ciencia/1580340536_340428.html

https://www.livescience.com/57021-religion-brain-activation.html

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