Pensar y saber sobre el inconsciente: la respuesta ante adicciones y afecciones psicosomáticas

Las adicciones, el uso de sustancias, tanto como el dolor del ser humano, han existido durante la historia de la humanidad. 

No estamos hablando entonces de algo nuevo. 

Sin embargo, lo que resulta “novedoso” y al mismo tiempo preocupante, es que estos malestares han invadido la escena mundial. Afectan ahora a un gran número de personas, lo cual no se presentaba igual.

 

  1. Vicios, drogas, medicamentos, sustancias

 

A la adicción al alcohol y al tabaco, se le suman otras como marihuana, cocaína, heroína, sustancias y pastillas fabricadas en laboratorios e industrias clandestinas y con licencia que son comercializadas de maneras diferentes. A veces hay intercambio mano a mano, incluso se usan las redes sociales y el internet para aprovechar y captar nuevos clientes, distribuyendo “pruebas” gratis en puertas de colegios, universidades, bares y sitios de rumba.

En esta lista vale ubicar también los medicamentos para dormir, las anfetaminas, los de uso psiquiátrico en general. 

¿Por qué si son “sustancias  legales”? Porque la manera en que se utilizan cabe dentro del patrón adictivo, son de fácil acceso y lo que se busca mediante su modalidad de consumo va más allá de lo que pudiera indicar la receta propiamente médica.

Las dependencias contemporáneas son la mayor paradoja de la época en el sentido de los avances que se han logrado en la civilización y la cultura. Pareciera que a mayores logros, productos, industrias que prometen y venden felicidades y facilidades “inmensas” para la vida humana, las personas necesitan estar más dopadas. 

El rendimiento industrial que se exige a niños, jóvenes y adultos (desde la institución educativa), lleva a malestares inmensos, retos y metas por cumplir que no siempre motivan o llevan a éxitos. En ocasiones causan sentimientos de impotencia, fracasos y ahogos, estados de angustia que se necesita calmar sin importar el costo. Comienza así el círculo adictivo.

 

  1. Aparatos, dispositivos, pantallas.  

Los dispositivos electrónicos en su manera de invadir nuestra vida privada, han venido también a ubicarse como objeto adictivo. No en sí mismos, se aclara, sino por la manera en que los utilizamos.

Si bien la radio y la televisión no son nuevas, sí la modalidad y forma de implementación de toda suerte de  elementos para escuchar y pantallas de diferentes tipos y tamaños. 

Lo visual y auditivo, más que lo que percibimos por el olfato, el tacto, el gusto, han cobrado un valor especialmente fuerte. Sin embargo vale mencionar que hay también adicciones o modas extremas de consumos de ingredientes/alimentos, bebidas, modas (“looks”), sexo, entre otros.

 

  1. ¿Cómo se relacionan adicciones, dispositivos y cuerpo?

Por un lado, “lo visto” y “lo oído” son primero en el desarrollo del ser humano, cuando emergen en el psiquismo del infante las primeras “huellas”, que son los mismos recuerdos, memorias que dejan las percepciones infantiles: así, la voz de la madre durante el amamantamiento queda anudada a la imagen de sus ojos, el amor, y las palabras con las que el pequeño es designado, su tono al hablar, el volumen, etc.

Así, voz y visión empiezan a alojarse junto con sensaciones de placer y dolor, en la mente, el mundo afectivo y el cuerpo.

De allí se entiende justamente el anclaje, la relación con lo corporal. 

Por eso es posible establecer una conexión entre el pensamiento, las adicciones y las dolencias psicosomáticas. Hay memorias de sensaciones corporales, recuerdos que orientan síntomas, desde la infancia. De eso no se quiere saber” (en el sentido de “lo inconsciente”), porque no siempre trae sensaciones de bienestar o tranquilidad, pudiendo doler o angustiar bastante, en momentos, a algunos. 

El síntoma psicosomático es una afección que implica el silencio de aspectos de experiencias de la biografía que son para la persona imposibles de resolver, relacionar, vincular con otras ideas, pensamientos, sin significado, sin símbolos.

En soledad, la destrucción carcome el organismo en medio de grandes dolores y con afectación de diversas áreas de la vida cotidiana y relacional. Este daño implica, en su origen, una fuerza más potente que la agresividad, más profunda, radical, con mayor poder porque actúa con lógicas que la consciencia, la medicina, la ética y la educación desconocen.

 

  1. “Me dopo, luego no pienso. Así, menos me importa… ¿y qué?” 

LO QUE NO SE PIENSA, ES ESO DE LO QUE NO SE “DESEA SABER”, QUE SE MANTIENE EN LOS RINCONES O BAJO EL TAPETE, SOPORTANDO ADICCIONES, VICIOS Y AFECCIONES PSICOSOMÁTICAS. 

ESTRICTAMENTE HABLANDO, SE TRATA DE UN SABER QUE VA MÁS ALLÁ DEL INTELECTO, EL CONOCIMIENTO TECNOLÓGICO, CIENTÍFICO, POSITIVO: ES NO QUERER SABER SOBRE EL INCONSCIENTE Y SUS EFECTOS.

El inconveniente Y LA MAYOR PARADOJA de esto es que a mayor ignorancia en este sentido, mayor dominio del malestar que procede de la pulsión de muerte en las personas.

También se incrementa la búsqueda infructuosa de un placer sobre la idea de un supuesto “paraíso perdido” que se buscaría de manera infructuosa. No se entiende que, de haber existido éste como estado real, indefectiblemente estaría perdido…es imposible de recuperar.

NO PENSAR, NO SABER, sería una sintomatología de la época: el suspenso, la apatía con respecto a toda reflexión, un congelamiento masivo de la cadena ideativa, la imposibilidad de entender el mundo, de crear sentido, de leer, escribir, dar significado al mundo afectivo, espiritual, social y material. 

El desalojo y evasión que las personas realizan al considerar que no hay alternativas ante grandes y pequeños reveses de la vida, hace sentir todo el tiempo que solo hay puertas cerradas, sin alternativas alcanzables, sin posibilidad de cambios, y que no hay la más mínima alternativa ante una suerte de destino malo….¿Quién vive así?

El alcohol, los fármacos, sustancias, diversos productos del mercado, las pantallas y otros artefactos son formas pobres de amoldarse tristemente a una existencia de malestar que se piensa inmodificable. 

Mediante la adicción, se olvida por un momento, se deshace la responsabilidad, se pierde libertad, pensando que lo indeseable es inmodificable. La actitud al cambio se pierde, se inhibe, hay negligencia, apatía, abandono del sujeto y la sociedad.

La solicitud inmensa de productos acabados, recetas, pastillas, modas listas para consumir no es más que efecto de una lógica de mercado de bienes, servicios que han hecho que las personas soliciten este tipo de elementos. 

 

  1. Ante el mayor problema la mayor solución: SABER MÁS (SOBRE SU INCONSCIENTE)

Ante la posibilidad o requerimiento, por ejemplo, de pensar sobre el propio padecimiento o problema para ubicar causas y de allí soluciones específicas y singulares, los sujetos suelen responder negativamente.

Con ello no hacen más que reproducir la sin-salida: a menor reflexión, menor la capacidad para resolver de manera profunda y efectiva, conflictos, impasses, dificultades.

La solución surge cuando cada quien cede, busca, se da la oportunidad para encontrar cómo alternar, nombrar,  hablar del síntoma con Otro representativo y capacitado, sacando del oscuro rincón ese mal que ha insistido en el cuerpo bajo la forma de dolorosa e insoportable sensación. 

Se trata de reconstruir el cuerpo, elaborar duelos, traumas, soledades para lograr así fabricarse maneras de satisfacción que en la vida le permitan a las personas anhelos cumplidos, vínculos sociales, metas logradas sin causar daños y alejados de riesgos de oscuros callejones.

Brindamos acompañamiento, ayudando a resolver adicciones, compulsiones, padecimientos del cuerpo. 


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Fuentes consultadas:

  1. https://nucep.com/publicaciones/el-fenomeno-psicosomatico/ 
  2. Pundik,. J. (2008) ¡No quiero pensar! Filium:Madrid 

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