¿Hábito, consumo, adicción tóxica?

I.

En la era de la permisividad y las “dosis mínimas”, en medio de discusiones sobre legalización o sanción, se pierde con facilidad el faro para que las personas se orienten adecuadamente, tomando decisiones conscientes y responsables.

Lo anterior preocupa mucho más cuando se entiende que este inacabable debate apoya conductas en las que los individuos tratan de disminuir su malestar y dolor con prácticas que enmascaran, son superficiales y aumentan las heridas de las cuales surge dicho sufrimiento.

Recibimos en consulta personas “tomadas” por prácticas que es necesario analizar:

  1. ¿Se trata de un hábito, consumo o adicción?
  2. ¿El “motivo de consulta inicial” es en sí mismo el problema de fondo en el caso específico?

¡Es imposible generalizar!

Si bien existen “objetos” que las personas usan, sustancias por ejemplo que se utilizan con el fin de “relajar”, “energizar”, “nivelar”, ”mejorar”,  aquello que realmente ha de tasarse, establecerse, es en qué sentido cada práctica causa o no un verdadero aporte, de cuidado por la salud integral.

La persona ¿se está haciendo daño o no con esto? ¿El beneficio que dice extraer de la conducta está realmente orientado por un sentido de vida equilibrado y controlado?

Todo el tiempo vemos cómo, en nombre por ejemplo de la salud física y el cuidado de la figura, algunos individuos adoptan prácticas que realizan no solo sin sensaciones de satisfacción sino con un nivel de habituación que sobrepasa su Principio del Placer.

Es decir, las personas se hacen daño y sienten dolor mientras realizan las conductas, incluso se causan lesiones. Aun así el Displacer es negado o justificado bajo falsos espejismos de disciplina, seguimiento, madurez, rejuvenecimiento, vigor y toda suerte de ideas asociadas a una “vida eternamente bella, pulcra, lisa y simétrica”.

¿Quién no ha pasado acaso por crisis, conflictos, eventos dolorosos?

¿Son los años que pasan y dejan huella, posibles de eliminarse?

Algunos defienden sus decisiones: “¿por qué no sería válido acaso usar los avances tecnológicos y del conocimiento científico para favorecer condiciones desfavorables de la vidas de personas con algún “déficit”, “minusvalía”, “imperfección”?

Es innegable el valor de algunas ayudas, prótesis, dispositivos, medicamentos, intervenciones, justamente porque han aportado en pro de la genuina calidad de vida de Cada Sujeto. Esto aplicaría cuando NO se avalan y refuerzan condiciones de victimización sino que cada ser se apoya positivamente y responde de manera responsable ante los nuevos retos de la vida luego de que ha recibido el apoyo específico.

En este caso, por ejemplo, una persona con una dificultad para movilizarse, usaría su dispositivo o mejora para avanzar en su proyecto de vida, asumiendo tareas y retos nuevos, trabajando, moviéndose sin quedarse en el lugar de ser-sin-capacidad, sin posibilidad de crecer por sus medios.

Esta persona (madura, valiente y con esperanza), tendrá claro que:

  1. Existen muchas “capas” en su estructura personal.
  2. Es un ser único e irrepetible.
  3. Proviene de un contexto particular, tiene una historia, un origen y por ende días por venir.
  4. Tiene un futuro que puede reformularse bajo parámetros de “proyectos de vida” o “planes de acción”, sin olvidar ideales y valores transmitidos.
  5. Se ha construido en comunidad. Por ello no sólo se debe a otros, sino que es necesario acudir a un semejante válido y profesional que le permita descifrarse, traducir eso por lo que no ha logrado estabilidad, tranquilidad, disminución de malestares de diferente naturaleza.

De esta manera, consultando, podrá encontrar solución a su problema.

II.

Ahora bien, en este escenario, nos interesa aclarar las siguientes denominaciones:

Adicción:

La persona se encuentra comprometida con una sustancia o actividad sin entender de manera profunda, consciente, el daño que esto le provoca. Cualquier sensación de placer o estabilidad que al comienzo se pudo haber generado, se pierde.

Hay desinterés, desmotivación, aburrimiento, estados de depresión o pánico (caída del deseo). Es necesario  definir, por ejemplo, si la adicción existe combinada o no con cuadros de esquizofrenia.

Existen diversos factores que favorecen la conducta adictiva, entre los que interesa destacar las  variables de historia familiar, contextos de infancia, elementos sociales, culturales, así como estados de angustia individuales.

La adicción es una compulsión que sea ha salido del campo de control del sujeto: la sustancia o conducta toman bajo su dominio a la persona, se invierten así los papeles, el sujeto es rebajado tristemente a la substancia de puro “objeto consumido” que cree consumir.

Así, se evade toda experiencia como fundamento de la libertad responsable, ligada a la aceptación de que hay una autoridad genuina. Por lo tanto se presentan actos impulsivos en los que no hay percepción de que se está quebrantando un límite, llegando a cometer (por ejemplo) robos, mentiras, destrucciones, actos de corrupción, infidelidades.

La persona cree haber encontrado este objeto con el cual podrá satisfacer toda apetencia, toda falta, todo vacío. Por ello el deseo por la vida cae, estrepitosamente en la medida en que ya no hay búsqueda, no hay pregunta, motivo para levantarse cada día.

La adicción es así una conducta de “autoconsumo”, “automedicación mortal”, caída radical del Deseo por la Vida.

 

Hábito:

Diferente a la adicción en la que existen fuertes causas inconscientes de búsqueda de “satisfacción en el displacer” con conductas lesivas, hay en los hábitos la posibilidad funcional de cortar el ciclo de repetición.

En la medida en que el individuo puede elegir, no hay una cascada de consecuencias negativas, lográndose cumplir con actividades laborales, escolares, familiares, de pareja y personales de autocuidado.

Las personas entienden que si desean modificar algo en sus vidas no será a partir de productos de consumo en sí mismos, en tanto son una indicación individual que busca en últimas modificar la sensibilidad del cuerpo bajo fundamentos artificiales (que no le pertenecen como ser único).

 

Signos de posible adicción:

Cuando la persona comienza a utilizar actividades que causan al comienzo sensación placentera, como una suerte de “medicina” para intentar curar (de manera absolutamente fallida) estados conscientes o inconscientes de angustia, pánico, malestar y dolor.

Esto puede ocurrir con el trabajo, el consumo de ciertas bebidas alcohólicas y sin alcohol, patrones de alimentación, prácticas físicas, uso de dispositivos electrónicos, relaciones interhumanas, entre otros.

La compulsión (como preocupación excesiva y fuerte “necesidad”), la pérdida de control, las consecuencias adversas y la negación, son algunos de los síntomas para las adicciones.

III.

¿Qué énfasis en el abordaje de la problemática y definición interesa practicar realmente?

Aquel en donde sabemos somos portadores, tenemos un cuerpo. Hay biología y medicina.

Sin embargo, el ser humano es MÁS: está integrado por factores subjetivos de diferente orden que causan los elementos particulares sobre los que es legítimo intervenir.

Es decir, si la idea es erradicar conductas y prácticas que hacen daño, con las que se infringen más dolor y se aumenta el sufrimiento,  ¿cómo por ejemplo tratar una toxicomanía recetando el uso de otras sustancias, pastillas, medicamentos? ¿Acaso no equivale esto a motivar otra “especie” de adicción?

Además, si fuese un problema con fundamento físico desde su origen único y primero, ¿sería este el destino de la persona? ¿Estaría condenada a nunca salir de la situación porque su “cuerpo es así”, o NO?

¿Qué piensa usted?

 

Ampliando la visión y sosteniendo la posibilidad de que cada sujeto es único y multideterminado, es posible considerar que él mismo puede efectivamente encontrar y construir, con adecuado soporte profesional, maneras de avanzar hacia formas de bienestar en equilibrio con la vida, la disminución del dolor y malestar.

¿Cuándo alguien logra suspender una adicción?

En el momento en que la persona:

  1. Pasa por un proceso de “hacerse cargo”, “darse cuenta” de manera consciente sobre el daño grave que se está causando.
  2. Siente mucho miedo por lo que se está haciendo a sí mismo, los riesgos en los que está metido y los efectos de esto para aquellos que lo rodean. Teme por su vida, su equilibrio, lo cual funciona como límite adecuado para el automaltrato, es una barrera necesaria, un dique a la cascada de “muerte”.

IV.

Para terminar, es importante entender una diferencia fundamental entre la “toxicomanía de masas” que encontramos en nuestros días, con respecto al consumo de drogas que observamos en las sociedades tradicionales.

En las últimas la práctica se integra en el conjunto de experiencias sociales propiciando el restablecimiento de los lazos entre las generaciones mediante, por ejemplo, los ritos de iniciación. De otro lado, hay en la forma actual del consumo una equivalencia con la desarticulación y ruptura del lazo social propio de la sociedad moderna.

 

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