La inteligencia espiritual y emocional: universos complementarios en las empresas e instituciones

La inteligencia espiritual hace parte de las múltiples capacidades mentales con las que contamos como seres humanos. Ésta trasciende las religiones, es la capacidad para percibir aquello que va más allá de los sentidos y de nosotros mismos.

 

Su aplicación en la empresa es importante para fomentar ambientes de trabajo y productividad con valores y profundidad humanas, velando no sólo por objetivos de crecimiento y desarrollo financiero sino también por avance de trabajadores y consumidores.  Implica productos y servicios que sirvan a la humanidad, que cuiden el desarrollo y mantenimiento de recursos humanos y del planeta, en alianza con desarrollo de áreas corporativas, financieras, sociales,  mentales,  físicas,  afectivas,  educativas, espirituales. 

 

La inteligencia espiritual aplicada implica: 

 

  • Flexibilidad, capacidad de cambio sin olvidar límites y cuidados con el fin de protegerse y prevenir afecciones,  dolencias,  problemas.
  • Tener consciencia sobre sí mismo, desarrollar el conocimiento propio, explorando y apropiándose sobre habilidades, deseos, metas, competencias, gustos y aspectos por mejorar. 
  • Ser crítico con respecto a convencionalismos. Con capacidad para respetar y ubicar gusto y preferencias particulares,  despojándose de prejuicios y sesgos conscientes e inconscientes. 
  • Tener una posición de investigador constante. Esto es, interrogar entendiendo motivos, rastreando pistas, siendo curioso,  profundo y razonable. 
  • Rechazar el hecho de hacer daños inútiles y dolorosos por lograr rendimientos o ganancias. 
  • Tener capacidad para ver las relaciones entre elementos, realizando conexiones, sacando consecuencias de uso práctico. 
  • Cultivar la habilidad para resolver situaciones de malestar y sufrimiento, elevando sentimientos de alegría,  bienestar y sentido de pertenencia. 
  • Fortalecer la destreza para inspirarse en valores y visiones, incorporando estos elementos en proyectos, haciéndolos aliados en escalamiento en posiciones y desarrollos personales y corporativos. 

 

Ahora bien, ¿en qué medida puede ser aplicada o integrada la espiritualidad con las empresas, organizaciones e instituciones de una sociedad, incluyendo la familia?

Es verdad que la empresa y lo espiritual parecen dos conceptos contrarios. El primero plantea un fin netamente material, tangible y el otro algo más sutil, trascendental e intangible. La empresa busca satisfacer necesidades de los clientes y espera rentabilidad. Está habitada por una organización y conjunto de interacciones humanas que operan de forma particular las actividades de la empresa, una cultura basada en valores, misión y visión, demostrados e integrados en los talentos al servicio de los objetivos de la empresa. Básicamente es un grupo de personas que coexisten y están dispuestas a actuar conjuntamente hacia una meta en común.

 

Lo espiritual es una filosofía de vida, es compartir unos valores que hacen que la persona espiritual se comporte de determinada manera. Hay coherencia emocional y sabiduría como cualidades humanas inspiradas en líderes y grandes personajes.

 

La espiritualidad es sostenida por personas que están buscando un sentido más trascendental a sus vidas y que tienen la misión de expresar talentos para el bienestar personal y de la humanidad. Con amor logran crecimiento emocional, aceptación,  comprensión y conexión con otros.

 

Expresar espiritualidad en la empresa implica considerar cómo se hacen las cosas, las intenciones, visión a largo plazo, valorando el impacto de nuestras decisiones.

 

En esta línea,  podemos pensar en integrar empresa y espiritualidad para fortalecer nuestro bienestar y desarrollo. Ante tantos problemas mundiales, guerras, desastres climáticos, violencias,  buscamos refugios interiores. Cada vez más personas consumen productos y servicios que integran perspectivas espirituales como el yoga, la relajación y la meditación. 

 

Una empresa con una cultura espiritual buscará el bienestar de las personas y su dimensión ética, clientes internos y externos, con prácticas de gestión que consideren todos los intereses más allá de los empresariales, para la  armonía y crecimiento como un organismo vivo con sentido y propósitos trascendentes.

 

El respeto genera solidaridad y responsabilidad social corporativa, gestión del talento, políticas para el “win win” (“ganar ganar”, estrategia de marketing), compromisos de no competencia, consumo colaborativo, orientación al cliente, asociaciones con proveedores.

 

La regulación en estas empresas implica límites con respeto y autoridad sin mal trato o autoritarismos. 

 

La espiritualidad integrada en la empresa permite regular el estrés de la sociedad moderna y sus costos a nivel individual y general. Por eso son importantes programas y  capacitaciones, coaching temas de bienestar y desarrollo espiritual. De esta forma se incrementan emociones positivas, productividad, seguridad y alegría de vivir, cultivando la vida interior y los valores como el respeto, la tolerancia, la cooperación, el perdón, la empatía y la buena comunicación. 

 

Es necesario que los empresarios atiendan las actitudes en el trabajo, el gerenciamiento de las emociones, prácticas colaborativas, liderazgo participativo, trabajo en equipo, compromisos éticos, igualdad de oportunidades, desarrollo profesional, las habilidades destacadas en cada uno.

 

Prácticas espirituales que pueden implementarse:  promover sesiones de meditación en grupo, organizar charlas, conferencias y talleres sobre empoderamiento y desarrollo personal, favorecer la participación en acciones humanitarias y sociales, crear grupos de apoyo emocional en caso de emergencias y desastres, meditación, yoga, análisis personal.

 

Cuando el bien común se vuelve importante para una persona u organización entramos en la esfera de los valores espirituales, como la confianza, la honestidad, la integridad, la compasión, y la generosidad.

 

Las organizaciones que funcionan con estos valores no pueden ser descritas como máquinas sino como organismos vivientes con necesidades físicas, emocionales, mentales y espirituales.  

 

Así, la combinación del mundo espiritual y las instituciones no son imposibles. Se trata de universos complementarios, que constituyen el futuro organizacional. 

 

Cada grupo, cada familia, cada empresa, son únicos. Lo importante es entender sus múltiples dimensiones y apoyar al crecimiento de sus miembros y la comunidad. 

 

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Recuerde, cada ser es único.

Usted merece lo mejor.

Estamos para usted y los suyos.

 

 

 

 

Referencias consultadas

https://www.lidercoachacademy.com/espiritualidad-en-la-empresa/ 

https://www.psyciencia.com/un-nuevo-concepto-la-inteligencia-espiritual/ 

https://www.laopinioncoruna.es/blogs/espiritualidad-y-bienestar/espiritualidad-en-el-trabajo.html

https://www.effectusfischman.com/articulos/detalle/67/inteligencia-emocional-vs–inteligencia-espiritual

https://manuelgross.blogspot.com/2017/05/inteligencia-emocional-en-el-trabajo.html

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